Dejar de comer dulce reduce a la mitad el riesgo de infarto
Resulta inevitable. Sentarse a la mesa en estas fechas es sinónimo de comer más de lo que toca y, en muchas ocasiones, más azúcar y calorías de lo que nuestro cuerpo necesita. Y todavía nos queda el broche final de las fiestas, donde el roscón de Reyes es el gran protagonista y uno de los dulces más esperados durante todo el año.
Ahora bien, después de los excesos acumulados durante estos días, la pregunta del millón es qué tipo de roscón resulta más adecuado, sobre todo para personas con problemas de base, como diabetes u obesidad. «El roscón de Reyes es un producto de repostería con alto contenido en azúcares añadidos, grasas saturadas y, en ocasiones, sodio. Por ello no es recomendable para la población general tomarlo de forma habitual, pero una ración puntual puede encajar en celebraciones especiales», asegura María Argente, miembro del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
Eso sí, «al tratarse de un producto rico en azúcares, ninguna persona debería consumirlo en grandes cantidades», advierte Mónica Pérez, miembro del Consejo General de colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas (Cgcodn). De hecho, tal y como destaca Argente, «existen grupos de pacientes en los que se recomienda precaución a la hora de consumirlo e incluso limitarlo, como personas con patologías crónicas: diabetes, dislipidemia, obesidad o enfermedad renal. En estos grupos, el consumo de productos de bollería industrial se asocia con un mayor riesgo de descompensación metabólica y complicaciones». El problema de las comidas navideñas es que, tal y como añade Pérez, «no se hacen excesos puntuales, si no que nos excedemos en cantidad durante prácticamente un mes, lo cual sí es perjudicial para la salud de todos y más aún de aquellas personas con patologías, agravándolas».
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