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El dolor es un síntoma que afecta de forma desproporcionada a las mujeres. Se ve en la fibromialgia, por ejemplo, donde el 90% de los pacientes son mujeres. O en el síndrome de intestino irritable. O en la artritis reumatoide. Los trastornos de dolor funcional (el que aparece en ausencia de enfermedad o daño físico que lo explique) son dos veces más frecuentes en mujeres que en hombres, pero hasta hace poco tiempo, no se sabía por qué. Se pensaba que lo del dolor era algo psicológico; o que simplemente ellas eran demasiado sensibles, débiles, flojas; o que se lo imaginaban. Sin embargo, en los últimos años, la ciencia ha ido alumbrando los mecanismos moleculares que explican esa especial susceptibilidad de las mujeres al dolor y ha empezado a armar un puzle para dar respuestas y quitar prejuicios. Una revisión publicada este jueves en la revista Science repasa las últimas explicaciones biológicas halladas y advierte de que todavía urgen más respuestas.
Dicen las autoras de la revisión que el dolor crónico que sufren millones de mujeres en el mundo es todavía una enorme e “inexplorada caja negra”, llena de incógnitas y prejuicios. “Las mujeres aguardan con urgencia respuestas concretas que ayuden a eliminar el enfoque habitual de ‘todo está en tu cabeza’, a reducir la larga espera entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico o tratamiento, y, en última instancia, a proporcionar estrategias terapéuticas basadas en mecanismos biológicos”.
Noticia completa en El País.